martes, 31 de marzo de 2015

Y sólo piensa en salir corriendo descalza para sentir el frío al apretarse la nieve bajo sus pies.


Salí de casa corriendo en busca de algo que me retuviera de aquellos pasos que me alejaban de la luz, de las luces de colores, de las sonrisas, de los abrazos cálidos, esperaba encontrar alguna piedra en mi canino que me hiciera tropezar en el sendero que me llevaba a la oscuridad y al frío sin olor a niebla, a la oscuridad falta de caricias y pasión, alguna piedra que detuviera aquellos pasos que se hacían más y más grandes a medida que avanzaba.
Y entonces apareció, como de la nada. Alguien empezó a correr a mi lado, alguien que daba pasos más grandes que yo y que se detenía para esperarme, en su camino hacia la autodestrucción, en mi camino hacia la autodestrucción.

Sin que nadie lo supiera nos destruimos juntos.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Noches atardecidas

Noches a medio hacer
se diluyen entre los recuerdos de las fotos que nunca hicimos,
e intento encontrar
explicaciones a los besos que dejas caer entre los huecos de mis clavículas.

sábado, 28 de febrero de 2015

El beso

Fue tan simple como arrollador.
Un beso a quemarropa en medio de la discusión.
Fue un beso suave a pesar del grito que se ahogó en él.
Una luz en la oscuridad.
Fue como la primera tormenta después de un seco verano,
un verso al beso.



miércoles, 25 de febrero de 2015

Conversación a las dos en un tren.

+ Todos necesitamos unas reglas para poder sobrevivir.
- Todos las necesitamos, para poder romperlas.
+ Yo te necesito a ti.
- Tú me quieres para volver a romperme.


lunes, 23 de febrero de 2015

Historia de la historia de lo que fueron por no llegar a serlo.

Esta es la historia de Él y Ella, dos personas perdidas en el mundo que se encontraron una noche a la que no le quedaban fuerzas ni estrellas, y se enamoraron sin que nada se interpusiera.
Eran dos.
Eran tan distintos que a veces les costaba encontrarse.

Él era como la luz del Sol, iluminaba cada lugar al que llegaba sólo con aparecer con su sonrisa fosforescente al estilo Cheshire.
Ella era su sombra.
Él era la alegría pura de las mañanas de Navidad,  el primer te quiero de una pareja, él era saltar en los charcos.
Ella era su sombra y veía únicamente las sombras del lugar que él iluminaba.
Él era la sonrisa de un niño, la canela, el primer mordisco de la fruta en verano.
Ella era la melancolía del alcohol y el silencio de los cementerios.

Él era la vida y ella era la sombra de la vida.
Y, sin embargo se querían.

Él la quería con ternura 
y con pasión, 
como un beso entre las piernas.
Ella le quería como un sueño lejano, 
como el último beso, 
y a veces 
le quería en blanco y negro.

Cuando estaban juntos ella se sentía segura y se veía brillante bajo la luz de la sonrisa de él. Y él brillaba más que nunca, incluso desprendía calor. Eran como un Sol de verano a las tres de la tarde junto a un cuerpo blanquecino que a veces dejaba de temblar. Ella le necesitaba siempre, porque cuando él no estaba, lloraba con cada telediario, se le agrietaba la piel y su pelo perdía el color.

Cada día que pasaba, ella le pedía más calor, más presencia, más de su sonrisa fosforescente. Y él, al igual que la golondrina con el príncipe, acabó exhausto. De tanto dar calor, un día amaneció helado y su sonrisa fosforescente ya no estaba. Había gastado sus últimos estertores en escribir su historia, la de los dos, con besos y caricias sobre el lienzo suave de la piel de ella. Él había dado su calor por ella, le había dado su fuerza, su fosforescencia.

Esa mañana ella 
se sintió, 
de pronto, 
tan llena de vida, 
de calor, 
tan fosforescente, 
que el miedo la paralizó.


jueves, 19 de febrero de 2015

Fuego

El calor de las fiestas que no recordaremos
sigue pegado a nuestras pieles cuando se rozan,
cuando nos miramos,
cuando sé que puedes verme por dentro
y quererme hasta las cicatrices mal cosidas
y quererme hasta en las pesadillas descabalgadas.

jueves, 29 de enero de 2015

Historia de dos

Nos detenemos la mirada, 
cerca,
muy cerca, 
tan cerca, 
que no sabemos, 
nadie puede saberlo, 
qué respiración 
pertenece a cada quién. 

Nos rozamos
sin mediar palabra, 
abrazándonos los cuellos,
sosteniendo el infinito,
congelando el tiempo,
suspendiendo los relojes de arena.

Datos personales

Mi foto
Escribo todo lo que hay aquí cuando la niebla se apodera de mi mente y se desata la poca cordura que me queda. Cuando me grita el silencio, rompiéndome los tímpanos, que murió el viento en algún lejano acantilado preso del dolor de la lluvia en sus párpados.

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