Mostrando entradas con la etiqueta De Opiniones y Creencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta De Opiniones y Creencias. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de octubre de 2019

Sesgo de retrospectiva


 Philip K.Dick


En psicología se le llama sesgo de retrospectiva a esos momentos en los que miramos atrás y encontramos todas las señales de lo que iba a suceder, con la ventaja de que ahora ya sabemos lo que ha sucedido.

Así nos sentimos más seguras, más confiados, creyendo que la próxima vez también sabremos lo que ocurría.


martes, 25 de noviembre de 2014

.25 de Noviembre. 016

Quise salir de aquí y me perdí en un mar de luces que no iban a ninguna parte, como yo.
Me perdí en la última luz del amanecer.
Y allí, perdida, entre tanta oscuridad a pleno Sol de mediodía, encontré lo que no sabía que buscaba.

La encontré.
Era dulce y rebelde, como la brisa marina en invierno.
Era fuerte, como un vendaval de otoño con los colores repartidos por la ciudad.
Me llevó a la oscuridad más profunda y me ayudó a derribar montañas y muros a vencer miedos y desatar nudos, a romper con lo que había sido, a romper con los monstruos que sólo me traían colores oscuros y flores raídas.
Me liberó de los golpes, de los gritos, de las espaldas moradas y los ojos maquillados.
Me libró de volver atrás.
Me encontré fuerte y rápida como animal salvaje.
Escapé de su ciudad
y su casa
y su vida
y su olor
y su dolor
y su mía.
Me enfrenté a los días a solas con los brazos magullados y a las sombras vacías también.
Dejé de ser su niña, su diosa, su esposa, su flor marchita, su todo, su nada, su mierda, su luz, su torpe niña tonta, su sobriedad, su parachoques, su defensa, su fallo y su esclava.
Dejé de ser su todo para ser mi misma.

Cuando la encontré, después de días huyendo de él y de mí misma, me sorprendió la sonrisa en el espejo.
Amarras rotas, ventanas abiertas, luz en la mirada.

Cosí las cicatrices, me vendé las heridas que aún sangraban.
Salí a bailar, a correr, a gritar, a saltar.
Me fui de lo que era.

Cuando te encontré, no me dí cuanta que era yo misma con la fuerza guardada en las bolsas de los ojos, en los morados que no terminaban de curar, no me di cuenta de que era yo misma con un futuro, no me di cuenta que el mar era un espejo y sólo tenía que romperlo y encontrarme de nuevo.

Encontrar mi libertad,
mi fuerza,
mis ganas de gritar,
mi valentía,
mi dulzura,
mi caminar,
mis labios rosados,
mis manos suaves,
mi piel sin tonos morados ni amarillos,
mi sonrisa.
mi vida.
Me encontré.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Mi secreto de revolución.

Tengo sueños acumulados en un cajón, por miedo a que se me vayan a olvidar; tengo una hoja en blanco y muy poco que contar.

Pero tengo un folio en blanco.

Las noticias me recuerdan que tengo también agua caliente para malgastar, que puedo respirar, y que tengo miedo a engordar. Me venden unas pastillas para la lucha, otras para la evasión, un poco de alcohol y alguna dieta que me lleve a la esclavitud moderna. Y de paso, me calman el ánimo, me ayudan a pensar en mis problemas y a ser el centro del universo.
Por fin me puedo quejar, y es que tengo un ordenador barato y que pagar el puto alquiler mañana o quizá pasado, además tengo que coger el folio en blanco, que no soy capaz de rellenar, y ponerme a estudiar, quizá cene más tarde, esa es una elección que puedo tomar. Mientras tanto puedo pasearme a 20 grados por este piso barato mientras fuera, en la calle invernal, alguien morirá hoy.
Veo las noticias y hay algo nuevo, llegan brisas con restos de revolución, más muertes, más crisis, menos ropa, más frío...
Y no me atrevo a publicar esto por miedo a mi misma y a ser capaz; o no serlo, de escribir algo más que sentimientos que calan hondo, algo que vaya más allá, como esa desesperación que me causa la falta de esperanza en África y la falta de tiempo en Madrid.
Mientras el tiempo pasa, muere en cualquier ciudad inmersa en el invierno, otro mendigo más, que no es noticia, puesto que si su vida para él tenía poco valor, para los medios menos, pero Elsa Pataki tiene nuevo anuncio y a eso le dedican medio día, y el resto de día se ocupa en el deporte, inevitable. Nos venden caras las mentiras, y compran baratas algunas noticias que nos causen buena impresión, que nos dejen caliente el corazón, a la temperatura de mi calefacción.

Que luego viene una buena noticia: un español en áfrica ha conseguido instalar unas cuantas placas solares a muy bajo precio, mala noticia, ya harán algo las multinacionales para acabar con ese negocio tan "lucrativo" para él, estoy segura, o puede que quizá regalen más sobras al tercer mundo para así dar trabajo a niños desnutridos....y alguna que otra enfermedad, o puede que algún nazi rezagado en el tiempo esté ya en áfrica "ayudando" con nuevos medicamentos a niños negros, para probar alguna nueva pastilla para adelgazar, la pastilla que antes mate de hambre será la que gane el proyecto y después ya podrá probarlo en monos en alguna gris ciudad europea...

Pero yo no me diferencio de ese nazi rezagado, ni de una multinacional, yo soy, más que nadie como ellos, porque soy capaz de escribirlo, pero sólo en mi portátil, de dónde quizá nunca salga.
nadie nunca lo leerá, morirá conmigo, mi secreto de revolución.

No pasa nada, me consuelo sabiendo que no puedo hacer nada.

sábado, 7 de enero de 2012

Lejos de Madrid

Me encanta la gente única, pero no única como somos todos, sino esa gente que sólo se deja llevar por sus principios más ocultos, será que hoy estoy bajo los efectos de un relajante muy fuerte o será el sonido de la música antigua la que me lleva a no dejar de exponer una letra tras otras como si de verdad formaran palabras que quisieran ser frases.

El caso es que la gente única, aquella con objetivos simples y mundanos como ver atardeceres o leer libros después de media noche me inspiran.
O quizá sea que me encanta imaginar lo que se esconde detrás de cada ventana que oculta una luz tenue, me hace pensar en que detrás de esa ventana con cortinas cobrizas se esconde una pareja que es capaz de mantener su completa soledad, escondido uno tras el último libro de neurociencia divulgativa  y el otro completamente alejado inmerso en el mundo de Macondo, con la única compañía de algún disco que compraron juntos. El uno lee bajo una luz blanquecina de bajo consumo y el otro bajo una luz más tenue que le recuerda a aquella con la que él imagina que escribían los escritores hace años.

La cuestión extraña que me convence de que debería vivir de noche es, que mientras todos descansan para el duro día, yo combato con la Luna las embestidas de los fantasmas melómanos que se empeñan en cantarme al oído aquellos cuentos de los trovadores más antiguos. Combatimos a capa y espada. Piel con piel. Intentando cada noche intentar llegar a una nube más alta mediante mi escalera de cajones. Pero de vez en cuando me entretienen los trovadores fantasmagóricos y me envuelvo en sus canciones pensando que ya habrá tiempo de llegar a la Luna, y me quedo a oír sus cantos. El problema que me acoge entre sus brazos entonces, es que no siempre traducen sus cantos a mi lengua y esos "entonces" me quedo mirándoles e imaginando las historias que me quieren enseñar. Esta noche me pasa eso y me viene a la cabeza una historia nueva.
Hay una "ella" que busca la libertad fuera de ella, busca escapar de otros, realmente (dice el trovador en la lengua actual inglesa, que poco o nada tiene que ver con él) -quizá sea parte de mis delirios-  she is the one. Y lo que ella busca son otras palabras que la convenzan de la infinidad de los versos, que últimamente se ven apartados de lo que ella cree, son mentes jóvenes. En su escapada en busca de la libertad encuentra un huerto cercado por alambres, pequeña jaula de judías, piensa sin saber realmente lo que piensa. Va cayendo el Sol, sube una pequeña montaña y ve como el Sol se aleja con un movimiento estático y sin decir adiós. Poco a poco la Luna va robando el color a las cosas y empieza a ver en tonos grises.
Ella piensa en los colores que ahora no puede apreciar, piensa en los mundo que ya comenzaba a imaginar cuando apenas había aprendido a multiplicar. Piensa mientras camina, a la vez que cae la noche. El viento le agita el pelo y se siente una Pocahontas en Europa. Le viene a la cabeza, junto con el viento la libertad que buscaba. Y la brisa de invierno le recuerda que es hora de volver a casa.
El trovador me mira sin que yo pueda llegar a verle del todo y dice algo en aquel idioma que hoy traducen mis delirios al inglés -between us-



Esta noche tampoco llegaré a la Luna.

sábado, 22 de enero de 2011

No tienes porqué sentirte mal.

El mundo se está despedazando, la tierra pronto será agua y tú, pobre de ti, nunca aprenderás a nadar. En la última resistencia de tu agonía olvidarás por completo las frases que apuntaste en aquel viejo cuaderno, y que tanto te hacían soñar. Llegará un día en que empezarán a caer rayos al agua y entonces tu cuerpo ahogado se quemará por fuera. Pero no te preocupes, llegará al fondo del mar y seguirá su curso el resto del mundo.
Quizá haya un terremoto en tu ciudad y tu cuerpo acabe sepultado bajo las paredes que un día olían tan bien a pintura fresca. En ese instante de la catástrofe tu respiración se volverá difícil, y en el último estertor sólo podrás oír los latidos apagándose de tu corazón.

Pero no tienes porqué sentirte mal.
Hoy el sol brilla y las bombillas no te queman la piel.

Datos personales

Mi foto
Escribo todo lo que hay aquí cuando la niebla se apodera de mi mente y se desata la poca cordura que me queda. Cuando me grita el silencio, rompiéndome los tímpanos, que murió el viento en algún lejano acantilado preso del dolor de la lluvia en sus párpados.

Entradas populares