miércoles, 23 de diciembre de 2015

Abrázame

Soy de las personas que abrazan.
Soy más de abrazos que de besos.
Mi sentido preferido es el tacto.
Me gusta sentir toda la otra persona al abrazar.
Sentir todo su cuerpo rodeándome, o todo mi cuerpo rodeando el suyo.
Sentir su pecho, sus huesos, los huecos que algún día rellenarán con golpes, o caricias. Sentir la respiración de la otra persona, su olor, sus músculos expandirse y contraerse.
Los abrazos crean intimidad, esa intimidad que confiere el contacto piel con piel, sentir la respiración de la otra persona, sentir los latidos del corazón ajeno, que parece tan cercano.
Así que abrázame.
Abrázame hasta que no quede nada de mí en mi cuerpo, hasta que mi cuerpo se pegue del todo a tu piel.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Escapar

No dejo de pensar en el día en que salí de allí, el día que perdí el miedo a temer y morí de miedo al volar.
Era un día con poco sol, amaneció la niebla embriagando la ciudad.
Escapé de allí, de aquellos brazos que no me apretaban lo suficientemente suave.
Salí de allí por la puerta, a pesar de las veces que me había planteado saltar por la ventana.
Me alejé de ti con el miedo agarrado todavía a mis talones y la lluvia mojándome las mejillas.
El olor de tu tabaco aún me quemaba en el pelo, recordándome las noches de soledad con tus recuerdos, no sé si me daba o me quitaba fuerzas para seguir huyendo.
La cuestión es que lo hice, salí de allí con la firmeza del que sabe que no va a volver.
Hice lo que tanto había pensado hacer.
Escapar.

016

martes, 24 de noviembre de 2015

Todo va bien

Los días y las noches se confunden a alta felicidad.
Te cuesta encontrar tus propias manos pensando en aquel que brilla más.
Los labios tergiversan las palabras encontradas buscando la que encuentre el final.
Caminamos sin rumbo fijo, pero a paso rápido, buscando encontrar algo que nos haga cambiar el sentido del dolor que sufrimos los días malos, y que nos haga cambiar también la culpa que nos trae la melancolía.
Así caminamos los que no sabemos lo que buscamos, vamos tan rápido que nos cuesta ver por dónde pisamos y a ti, a veces, te cuesta ver a quién pisas.
Pero no importa, todo va bien.
Y sonreímos.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Él tiene que ser

Él.
Tiene que saber volar. Puedo soportar que no sepa cantar y que, aún así, le guste hacerlo. Pero tiene que saber volar, y que lo haga de vez en cuando.
Tiene que saber bailar, no de la forma adecuada, tiene que saber dejarse llevar.
Puedo soportar que tenga miedos pero tiene que enfrentarse a alguno de ellos y que me enfrente a mí también a los miedos que escondo en los rincones más oscuros de los cajones olvidados.

Él tiene que ser.
Porque sino es él.
¿Quién va a ser?

lunes, 16 de noviembre de 2015

Canciones de amor.

Que no es por razones,
que es por canciones por lo que te quiero,
aquí.
Es por todas las canciones de amor,
del mundo.
Voy a gritarte al oído
todas esas canciones de amor,
muy cerca,
hasta que se te rompa el tímpano y te llegue al lado más izquierdo del corazón.
Quiero que,
como a mí,
te ensucien la sangre todas nuestras canciones de amor.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Entonces.

Cuando no me queden cielo ni espalda a la que aferrarme en el momento en que mis suspiros se quemen dejando cenizas en la piel.
Cuando mis pies no sepan guiarme a sus precipicios.
Cuando mis manos ya no se duerman de pensar en sus recovecos.
Cuando las sombras no se muevan en la noche.
Cuando la luz del Sol ya no me queme la piel dejando constelaciones de lunares.
Cuando deje de decirle al mundo que te quiero.
Cuando deje de decirte que te quiero.
Entonces,
y solo entonces
no habré dejado de quererte.
Cuando los días pasen lentos consumiéndose en algún cenicero lejano, como cigarrillos, abandonados.
Cuando la luz de la luna ya no entre a mi habitación.
Cuando los días ya no amanezcan en lugares lejanos.
Cuando mis brazos pierdan la fuerza en los abrazos.
Cuando deje de decirle al mundo que te quiero.
Cuando deje de decirte que te quiero.
Entonces,
 y solo entonces,
habré dejado de tenerte.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Él y Ella.

Mírala, ahí.
Sentada.
Leyendo.
Ignorando el mundo con todas sus catástrofes.
En sus ojos yo también olvido al mundo.
Me olvido incluso a mí mismo.
Mírala, sabe que la espío y sonríe.
Me mira.
+ ¿Qué miras?
- Te miro a ti.
Se ríe y vuelve a su lectura. Se retuerce un mechón y se muerde los labios. Sé que piensa en mí. Piensa en cómo la miro, con el deseo de besarle hasta los miedos que guarda en sus huesos cansados. Con los años los dos hemos perdido cosas, incluso nos hemos perdido a nosotros mismos un par de veces y también el uno a la otra. Hemos vivido catástrofes naturales y hemos creado nosotros nuestras propias catástrofes. Hemos sobrevivido, el uno muy cerca de la otra. Hemos vivido, tanto, que nuestros cabellos ya no tienen el mismo color, nuestros ojos han perdido la fuerza y nuestros cuerpos están cansados incluso al levantarnos.
Sin embargo, la veo ahí, leyendo.
Y parece la misma que conocí hace ya tantos años.
En realidad todo ha cambiado, ni nosotros somos nosotros mismos, no somos los mismos.
Pero ella sigue curándome las cicatrices, aunque algunas sean fruto de las heridas que ella me hizo. Y yo sigo aquí, mirándola, como la primera vez que entramos a esta habitación. Y sigo queriendo hacerle el amor, aunque muramos los dos en el intento.
Mírala.
Leyendo.
Sabe que voy a besarla en cuanto cierre el libro.

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Escribo todo lo que hay aquí cuando la niebla se apodera de mi mente y se desata la poca cordura que me queda. Cuando me grita el silencio, rompiéndome los tímpanos, que murió el viento en algún lejano acantilado preso del dolor de la lluvia en sus párpados.

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